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Memoria escrita

CAPITULO 19

Martes, Agosto 5, 2003




Saludos desde Algeciras



Escribo el último capitulo de mi diario erasmus, lo escribo desde Algeciras, desde la casa de mis padres con una mezcla de alegría por el encuentro con los míos, la tristeza por abandonar la ciudad donde he vivido el mejor año de mi vida y la expectación por saber qué haré a partir de septiembre.



Bueno no me ando más por las ramas y paso a escribir los recuerdos que aun quedan en mi cabeza del último mes en Viterbo:



Este capitulo empieza el 1 de julio de 2003 con un Viterbo ambientado en la época medieval, con mercados medievales, vestidos medievales y por supuesto batalla medieval. En serio, desde hace unos años organizan en un prado que hay en el centro del pueblo una batalla representando las que tuvieron lugar en esa zona durante mucho tiempo entre los güelfos, los seguidores del papa de turno y los guibelinos, los seguidores del rey. Todo el que quiera puede participar, la gente se disfraza, coge su espadita de gomaespuma y a darse mamporros durante un buen rato para eliminar tensiones que una vez al año “no hace daño”.



Tres días después de que terminase la semana medieval hice el examen de microbiología, no era un examen normal, era mi último examen, la pieza que me faltaba para completar este rompecabezas de locos que se llama Licenciatura en Ciencias Biológicas y que pese a lo que pueda parecer no ha sido una bonita experiencia y excluyendo unas pocas asignaturas y el título final, una perdida de tiempo.

Pues el examen fue una rutina, me encargué de dejar bien claro que era mi último examen, que era erasmus y que me quería licenciar ya, se habló poco de microbiología, demasiado de bioquímica y un poco de mi futuro y eso fue todo.

Ahora ya solo necesito una firma en Sevilla, eso es todo. Una firma que me convalide los cuatro exámenes que hice en Viterbo. Una firma para que me consideren biólogo, para que me consideren en definitiva lo que he sido toda mi vida, un curioso de la vida que a fin de cuentas es lo que significa ser biólogo.



Durante ocho años he pensado en ese día, el día que firmase mi último examen y en la reacción que tendría después: saltos de alegría, besuqueo generalizado a todo el que me encontrase por los pasillos, gran fiestazo, exterminio de todos mis apuntes... llegó el momento, terminé el examen, me fui del despacho y había llegado ese momento, el soñado durante ocho años, qué hice? nada, no hice nada. Eso sí, directo a la cabina para llamar a mis padres, les debo todo por mantener su apoyo moral y sobre todo por mantener su apoyo económico.



Después de micro, ya solo quedaba festejar y volver a casa, ambas las hice junto a Rocío.

Rocío es una amiga que me presentaron en Granada, que conocí en Sevilla y que se ha llevado el título de última visita recibida en Viterbo. No llegó con muy buen humor, normal un viaje en coche con padres incluidos desde Lebrija no le puede sentar bien a nadie.

El punto de encuentro fue en un lugar no muy concreto de la autovía que circunvala Viterbo (no me preguntéis por qué). El enfado pasó rápido.

Con ella pensaba despedirme de la Italia que más he conocido durante estos diez meses, así que al día siguiente la tradicional visita a Viterbo, al siguiente la tradicional visita a Roma, al siguiente la tradicional visita a Bagnoregio y al siguiente la tradicional visita a Florencia, pero en condiciones lamentables porque la tradición marca que de Bagnoregio se debe salir “contento” y si eres el último en salir del famoso antiguo molino, más aún. Pues eso que bebimos mucho, dormimos poco y llegamos a la estación, temprano y con resaca.

Nos montamos en el tren que lleva a Atigliano donde teníamos que esperar una hora para coger el tren que nos llevaría a Florencia, en esa hora desayunamos e intentamos volver a sentirnos personas, más o menos lo habíamos conseguido cuando vimos llegar un tren, Cristina se levantó y empezó a correr “vamos ese es nuestro tren”, Rocío y yo corrimos detrás de ella. Nos montamos a tiempo y ya más relajados intentamos dormir un poco, fue poco el tiempo de tranquilidad, justo el que tardó el revisor en llegar y al decirle que íbamos para Florencia nos dijo con una media sonrisa que ese tren iba para Viterbo, ¡estabamos volviendo otra vez a casa!, estabamos destrozados del día anterior, casi no habíamos dormido y nos habíamos gastado un montón de dinero solo para ir a desayunar al pueblo de al lado y volver! Una vez más se demostró que no puedo escapar de mi destino gentucil.



A cambio de Florencia llevamos a Rocío, una vez más gracias a Alessio, al lago de Bolsena, un enorme lago con isla incluida y que hace las funciones de playa dentro de la provincia de Viterbo.

Y para cenar, como no, pizza de dos platos, nadie se puede ir de Viterbo sin probarla, como dice el refranero popular: no hay mal que por bien no venga.



Evidentemente no sólo era tiempo de despedirse de los lugares que no quiero olvidar, también era tiempo de despedir a los amigos, se fue Eu mi amiga de Cuenca... no la despedí, quedé con ella para comer pero me fui a Roma, lo siento Eu. Al día siguiente la cita era para cenar con Francesca y Alessandra dos soletes italianas, tampoco fui porque estaba en Bagnoregio con Cris, Alessio y Rocío, demasiado buen vino en la cabeza y buen ambiente en el antiguo molino como para volver a tiempo y demasiada mala conciencia dentro de mí como para disfrutar del momento. Aún no he acabado de pedirles disculpas por aquella noche, creo que seguiré haciéndolo hasta que tenga la oportunidad de una segunda despedida.

También me despedí de casi todos los que quedaron allí, italianos, españoles y en definitiva, una pequeña representación de Europa, espero mantener el contacto y seguir aprendiendo de ellos.



La despedida con los españoles no fue tan traumática porque teníamos una cita pocos días después en Jerez, la última fiesta sería a lo grande, la despedida en el Espárrago, un final de fiesta a la altura del año que habíamos vivido.



El 19 de Julio llegó la hora, triste por la marcha y alegre por volver, impaciente por encontrarme con los míos y nervioso por el desagradable momento que era abandonar el pequeño mundo que no volveré a ver, volveré a Viterbo siempre que pueda pero no será el mismo Viterbo-Erasmus, será la misma hoya pero con diferentes habichuelas.

Viterbo ha significado diez meses de Vacaciones Santillana, un Gran Hermano sin cámaras, la despejada calma después de la tormenta sevillana, cultura, conocer tantos lugares, tantas personas y algunos amigos.

Viterbo ha sido, sin lugar a dudas, el mejor año de mi vida.



Siempre tuve la impresión de tener una responsabilidad, la de ser representante del lugar de donde vengo, durante este tiempo he intentado transmitir mi cultura, llevarme de Italia todo lo bueno que vi pero también dejar un poco de Algeciras, de Cádiz, de Andalucía o de España. He intentado dejar en los demás no solo una buena impresión de mí, también del lugar de donde vengo porque en parte soy como soy por haber nacido donde he nacido. Espero que la gente que me ha conocido y me aprecia, haya aprendido también a apreciar mi tierra.



Campeones esto se acabó. Lo que en un principio iba a ser un diario de a bordo y no pasó de anecdotario, ha llegado a su última página, evidentemente no todo lo que ha pasado está escrito pero os aseguro que todo lo que he escrito ha pasado.

He intentado llevar un trocito de mi vida a vuestras pantallas, espero que os hayáis divertido y me hayáis conocido un poquito mejor.





Un Abrazo Fuerte.







PD: El Espárrago no entra dentro de las Aventuras en Viterbo, pero os diré que de mis amigos Erasmus no fue nadie, estoy orgulloso de ellos, son tan gentuzos como yo...

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